miércoles, 5 de diciembre de 2012

Perseo

Acrisio, rey de Argos, quien solo conseguía engendrar descendencia femenina, desesperado por no tener un sucesor varón, acudió a consultar a un oráculo si en su destino aparecería un descendiente que continué con su reinado. A lo que el oráculo le respondió que si habría un varón pero que no seria su hijo sino su nieto, nacido de su hija Dánae y que seria este quien le de muerte. 



Acrisio impactado con la noticia no lograba conciliar el sueño, pensando que seria cuestión de tiempo para que la profecía se cumpla así que para evitarlo, hizo encerrar a su hija Dánae en una cámara subterránea hecha de bronce para impedir que tuviera trato con algún varón. Sin embargo, el rey de los dioses, Zeus, se transformó en una lluvia de oro que cayó en Dánae desde la única ventana que había en la habitación y la preñó. 



Al cabo de un tiempo la princesa concibió a Perseo. Al enterarse Acrisio, no creyendo divino el nacimiento del niño, lo arrojó con Dánae al mar en un cofre de madera. Sin embargo el mar fue calmado por Poseidón a petición de Zeus, y la madre y el hijo sobrevivieron, alcanzaron la costa de la isla de Sérifos. En esa isla gobernaba el rey Polidectes, y su hermano Dictis quien recogió a la mujer y al niño, al que crío como si fuera su hijo.

Más tarde, al pasar los años, Polidectes se enamoró de Dánae y pensando que el joven Perseo podía ser un estorbo para sus planes, intentó librarse de él mediante una estratagema. Polidectes hizo creer a todo el mundo que pretendía conquistar a la princesa Hipodamía y pidió a los habitantes de la isla que le entregasen un regalo cada uno como presente, para poder ofrecerlo a su vez a la princesa. Perseo dijo que no pondría reparos para entregar cualquier cosa "incluso si hubiera de ser la cabeza de Medusa", que era una de las tres Gorgonas y podía convertir en piedra a los hombres sólo con la mirada. Polidectes aceptó los regalos de otros habitantes de la isla, menos los de Perseo, demandando que le trajese la cabeza de la Gorgona que le había prometido.

Perseo partió, guiado por los dioses Atenea y Hermes, en busca de las Grayas, tres ancianas que sólo tenían un ojo y un diente para las tres, los cuales iban pasándoselos una a la otra. De ellas se decía que podían ver el presente pasado y futuro respectivamente. Perseo les arrebató el ojo y el diente, y, a cambio de devolvérselos, las obligó a confesar dónde vivían las ninfas.

Así, Perseo encontró a las ninfas, de las que obtendría tres objetos: un zurrón mágico en el cual podría guardar la cabeza de la gorgona, unas sandalias aladas propiedad del dios mensajero Hermes y el casco de Hades dios del inframundo, el cual volvía invisible a quien lo llevara puesto. Además, recibió del mismo Hermes la hoz de Zeus, hecha de acero, con la que podría cortar la cabeza de Medusa y de Atenea un escudo de bronce en cuyo reflejo podría ver a Medusa sin hacerlo directamente. Pertrechado con estos objetos, Perseo llegó a introducirse en la morada de las Gorgonas, que, como las Grayas, eran hijas del mounstro Forcis. 

Mientras estaban dormidas las Gorgonas, Perseo se acercó a ellas. Atenea guío la mano de Perseo, que además usó como espejo el escudo de bronce que le había prestado. Así, Perseo alcanzó a cortar la cabeza de la Gorgona, de la que nacieron el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor. Perseo salió del palacio de las Gorgonas. Las hermanas inmortales de Medusa Esteno y Euríale, lo buscaron, pero sin encontrarlo, ya que el casco de Hades lo volvía invisible.

En algunas versiones se cuenta que Perseo fue después al país donde reinaba Atlas, a quien, una vez allí, pidió hospitalidad. Atlas, sin embargo, recordó que un oráculo le había dicho que un hijo de Zeus llegaría para robarle los frutos del jardín de las Hespérides, e intentó expulsar a Perseo. Éste empleó la cabeza de Medusa, y Atlas quedó convertido en piedra.

Después, Perseo regresó a Sérifos. Allí, Dictis y Dánae se habían refugiado en un templo huyendo del acoso de Polidectes. Perseo se presentó ante Polidectes y ante toda su corte, sacó la cabeza de Medusa y se la mostró a toda la concurrencia, que quedó petrificada. Luego hizo a Dictis rey de Sérifos, devolvió a Hermes las sandalias aladas y le dio el zurrón con el casco de Hades, y por ultimo entregó la cabeza de Medusa a Atenea, la cual se la pondría en su escudo.


Después, Perseo decidió regresar a Argos, junto a su madre Dánae para conocer a su abuelo. Sin embargo habiéndose enterado Acrisio de que su nieto viajaba para encontrarse con él, puso tierra de por medio encaminándose a Lárisa, donde se puso a presenciar unos juegos. Perseo también acudió a esos juegos y participó en el lanzamiento de disco, pero lo hizo con tan mala fortuna que golpeó a Acrisio en la cabeza y lo mató, cumpliéndose así la profecía. Debido a esta muerte accidental, Perseo no quiso gobernar en Argos, su legítimo reino. Su tío Megapentes era rey de Tirinto, así que tío y sobrino hicieron un intercambio y así Perseo fue rey de Tirinto; y Megapentes, rey de Argos.

Aquí un capitulo de la vieja serie "El narrador de cuentos"
en el cual se cuenta la historia

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